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Cómo no hacer nada con algo que sí lo hace mientras se predica lo contrario: Pamies, Galindo y la artemisina

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De entre los charlatanes más conocidos dentro del mundillo de las pseudoterapias nos podemos encontrar con un tipo bajito y viejo, con sombrero de paja, que va vendiendo por conferencias sus plantas alegando todo tipo de conspiranóias a los pobres ignorantes e ingenuos que le siguen.

Se trata, como algunos ya habrán podido deducir, de Josep Pamies: el agricultor que desde hace años se dedica a dar “conferencias” sobre medicina sin tener puñetera idea de salud, alegando que puede curar todo tipo de enfermedades con poco más que sus plantas y la lejía que una secta, creada por un autonombrado “obispo” llamado Jim Humble, empezó a comercializar a costa de las vidas que ya se ha llevado por intoxicación desde 2006: en un alarde de cinismo estos afirman que los vómitos que su ingesta produce, según sus predicadores, no son debidos a esta intoxicación sino a que las “toxinas” están siendo echados fuera del cuerpo. Misma secta, por cierto, que ofrece curar la malaria con su MMS.

Ya hay decenas de artículos hablando de este tipejo así que no voy a extenderme demasiado. Sólo hablaré del tipo de cosas que más chirrían de esta gente que, con un afán teóricamente ético, lo único que está haciendo es autoalimentar su ego para hacerse la fotito de turno.

El ejemplo que hoy traigo, además, puede enmarcarse en la categoría creencias e ignorancia debido al caso en el que voy a concretar, para que todos ustedes vean el tipo de gente de la que hablo.

Fanatismo, ignorancia y manipulación, todas de la mano

Navegando por internet me encontré con una entrevista a uno de esos iluminados creyentes (y según él, amigos) de Pamies: “el cooperante español Francisco Javier Galindo” (o Xavi Galindo).

La noticia, publicada en Vice en 2016, comenzaba con el no poco titular sensacionalista de turno citando una declaración de este en la que afirmaba: “Me detuvieron por utilizar una planta para tratar la malaria”.

Dejando de lado las legalidades aduaneras de la república de Gambia, en la propia noticia, entre las preguntas que le hacen está a qué planta se refería: la Artemisa Annua. En boca de este charlatán, por lo que dijo en 2011 desde su web (con faltas ortográficas incluidas), lo que hace quien va allí con las semillas plantadas en su huerto (o compradas por él de Alemania) es “corregir sobre el terreno el desastre provocado por la propia OMS, al no querer divulgar el conocimiento encestral de curación de la Malaria por medio de la propia planta, sin necesidad de extraer de ella  el antibiótico carísimo ,  producido por Novartis, al cual no pueden aceder millones de personas pobres de  África y otras zonas.”

Pamiesada en 3,2,1

Ya tiene narices que este paleto se pasara por el arco del triunfo la labor de la OMS, compuesta por miles de profesionales de la salud, quienes sí han estado y están allí (a diferencia de él), como si esta no hiciera nada al respecto cuando uno puede buscar fácilmente si a esta le preocupa o no la malaria y encontrarse con que la propia organización lleva años realizando informes al respecto: como su World Malaria Report 2011. Sobre todo cuando esta organización, además, años antes de que al experto en falacias ad kapelum le diera por ir a predicar sus pseudoterapias y hablar sobre la Artemisia,  esta organización médica ya había dado las directrices para el cultivo de la Artemisa, “una planta esencial utilizada en los antipalúdicos”.

Pero más las tiene que los medios no sean críticos y podamos encontrarnos con, por ejemplo, además de las declaraciones de él y sus acólitos (sus “jardineros fieles” o más bien “feligreses”), las de la autora del artículo, Marta Villena, con afirmaciones poco más que chocantes (ver imagen abajo).

Gaindo, en pose profunda con sus semillitas pamiescas

Vale que una reportera refleje las opiniones del entrevistado, pero ¿no podía esta corroborarlas también? ¿Contrastarlas un poco para así mantenernos realmente informados? Lo digo porque sólo le hubiera bastado con comprobar las leyes de importación de esa república africana para ver qué requisitos se piden para la importación de, en este caso, semillas:  un certificado acorde con los requisitos de control del Codex Alimentarius:

The Gambia maintains import certification provisions regarding food products, in connection with health and sanitary provisions of the Food Act 2005.

All imports of animals, marine life, plants, their products, and processed foods of plant or animal origin, must be accompanied by an import certificate issued in accordance with Codex Alimentarius quality control requirements. In addition, no food item may be imported into The Gambia without: a certificate from the manufacturer that it was manufactured in accordance with an existing standard or code of conduct pertaining to the product; or where such standard or code of conduct does not exist, any international standard laid down by the Codex Alimentarius Commission; or a certificate issued by the government of the exporting country that its sale in that country would not contravene the law.

Imports of cereals, pulses or legumes, including rice, require phytosanitary certificates issued by the national plant protection service of the country of origin, and fumigation certificates issued by the exporting company or an approved company. The Minister of Health may, at any time, issue regulations providing that food items may not be imported unless manufactured in accordance with specified standards.

Y después de eso preguntarle al entrevistado si este siguió con el procedimiento legal para la importación de semillas o contó, en este caso, con la aprobación de la Medicines Control Agency (MCA) o por lo menos consultó a la embajada sobre las leyes al respecto.

Sobre si este cooperante se hizo con el certificado tampoco parece interesarle a nuestra querida reportara  ¿Lo hizo el cooperante de la ONG Cultivant la Vida? Pues, por lo visto, tampoco parece que lo tuviera. De hecho este, después de acusar a las farmacéuticas (e incluso a los médicos y chamanes de la zona) de su conflicto, él mismo declaraba (presumiendo de ser el más listo del rebaño) que el único documento con el que contaba era “un informe en inglés  de todo lo que se estaba haciendo” en Gambia que este entregó después de que le revisaran y requisaran las “más de mil bolsas de Artemisia Annua preparadas para darlas de primer tratamiento a la gente”. Vamos, un papel que este mismo redactó firmado por, según él, “uno de los imanes más importantes de Gambia”, “un enfermero gambiano” y “el alcalde” que además entregó cuando ya le había sucedido ese percance con las autoridades:

“se quedaron un poco sorprendidos porque no se esperaban que yo tuviera ese papel porque yo no se lo había comentado a nadie como cubriéndome un poco las espaldas por el tema de la regulación y el tema de la Artemisia Annua.”

En resumen, que este jeta no contaba con ni un sólo certificado y lo único que tenía era ese papel firmado por un imán musulmán, un enfermero y el alcalde de la zona después de estar yendo allí durante “un año o un año y medio más o menos”.

Lo primero que debería haber hecho este cuñado de lo “natural” es acudir a la embajada de Gambia para informarse bien de qué está prohibido y qué no; luego, si eso, haberse informado de las leyes antidrogas (motivo por el cual se le presentaron los agentes). De haberlo hecho, se habría topado con que:

La Sección 33 (1) prohíbe la fabricación, importación, exportación, suministro, transporte o transferencia, uso, adquisición o posesión de una droga prohibida o controlada.

Sub sec. (3) Además estipula que una persona que contraviene el sub sec (1) comete un delito y es responsable por una multa de no menos de un millón de Dalasis y además encarcelamiento por un término no menor de diez años. Si la condena es por una multa de no menos de doscientos cincuenta mil Dalasis o prisión por un término no inferior a 3 años o tanto a la multa como a la prisión.

La Sección 34 prohíbe tratar con drogas controladas.

La Sección 35 prohíbe que una persona esté en posesión de drogas prohibidas o controladas sin una licencia válida y cualquier persona condenada en virtud de esta sección está obligada a pagar una multa no menor de D250, 000. 00 o 3 años de prisión o ambas, multa y prisión .

¿Una droga? Pues si, pues los medicamentos entran dentro del rango de “drogas controladas” (en Gambia y en cualquier país). De haberse informado un poco, lo suficiente cuando uno viaja a un país africano como Gambia, se habría topado con que según la Guía para la importación de medicinas y productos relacionados de la MCA «Sólo los importadores autorizados por la Agencia están autorizados a importar medicamentos y productos relacionados.» (2.1.1);  que a las «Organizaciones No Gubernamentales (ONG’s) que proveen servicios sanitarios se les puede permitir la importación de cantidades razonables que sólo se utilizarán en sus instalaciones y sólo si los productos no están localemente disponibles.» (2.1.2) pero que «Sólo se permitirá la importación de medicamentos y productos afines cuando se registren en la Agencia.» Como dije, Galindo, estaba importando “drogas controladas” según la propia legislación gambiana:

2.2.3. Productos que contienen ingredientes farmacéuticos activos como esteroides, hidroquinonas, etc., se consideran medicamentos y no se considerarán que pueden importarse como cosméticos.

¿Nuestro querido pseudoterapeuta de turno, el señor Xavier Galindo, cumplió algunos de estos requisitos? Pues no. Pero eso no le impidió fabricarse una conspiración farmacéutica a su medida para hacerse la típica víctima del sistema a la que nos tienen acostumbrados este tipo de gente.

Que este pardillo  desconociera la política sobre drogas de ese país no le ha impedido inventarse enemigos a los cuales demonizar para así poder justificar su credo. Esta pobre víctima de su propia ingenuidad e ignorancia, que se dedicó a presumir de ser el “rebelde del sistema” en los medios y charlas que hizo, aún tendría además que agradecer que, cuando posiblemente se enteraron que este estaba importando y tratando con drogas controladas, no le metieran en prisión durante unos cuantos añitos.

Un tratamiento real pero inutilizado

Pero centrémonos en su tratamiento. Estos charlatanes, Pamies & co., en sus medios y conferencias (como el Rototom o Sunsplash, conocidos por ser lugares dedicados a la divulgación científica) alegan varios puntos, que son los que quiero tratar: como que sus infusiones de semillas de Artemisia Annua son mejores que el medicamento y que existe una conspiración perpetrada por las farmacéuticas y la OMS para prohibirla.

A mi me encantaría ver en qué estudios se basan Pamies y su “feligrés” Galindo para sostener esto ¿Algún estudio que avale lo que dicen? En palabras de este último, en la entrevista de Vice,  lo único que explica es lo bien que se siente “tratando” a la gente:

“La alegría es espectacular. Empiezas a tratar a uno, dos, cuatro, diez, veinte, cuarenta y de repente te das cuenta de que viene gente no sólo de esta aldea, Muritabèh, sino también de pueblos de alrededor. Y sin darme cuenta en un mes he tratado a cien personas. Solía atender incluso a gente de Senegal, gente que te hablaba en francés.”

“No te puedo hablar del cien por cien porque sería demasiado, pero al menos si obtuvimos el noventa y tantos por ciento de casos que se curaron de malaria.”

O lo que es lo mismo: lo único que nos ofrece es su propio testimonio anecdótico y totalmente subjetivo. Irónico viniendo de alguien que critica a los médicos de la OMS a quienes, por lo visto, según él, les está quitando “clientes”.

A lo cual también se acompaña su explicación de cómo prepara su tratamiento:

“El tratamiento que hacíamos aquí para la malaria era hervir agua con las hojas de la planta previamente secadas durante cinco minutos. Luego lo dejábamos reposar y lo colábamos. Si podíamos hacíamos el tratamiento con miel o con azúcar porque es un poco amarga. Con miel los resultados eran más espectaculares, aún si cabe.”

“Es un litro de agua para hacer el tratamiento para una persona adulta, y medio litro en el caso de un tratamiento para un niño. Tienen que tomar una infusión cuatro veces al día. Lo que es muy importante, eso sí, la infusión vale para ese día. Cada día hay que hacer una infusión nueva. El tratamiento dura de seis a siete días, y la malaria prácticamente se erradica. Así de fácil, así de rápido y así de barato, como digo yo.”

Y así, según su propio testimonio, estos “dos expertos” dicen “curar en Gambia (África) a más de 30.000 enfermos de malaria, tratándolos únicamente con una infusión de Artemisia Annua y MMS (dióxido de cloro)”.

Pamies y Galindo, timando a la izquiersa feng shui

Para empezar, resulta que según los estudios (Galindo no hizo ni presentó ni uno sólo para confirmar sus cifras) si se somete a la Artemisa a altas temperaturas normalmente el ingrediente o principio activo de esta, la Artemisina (el compuesto que realmente cura de la planta), se pierde. En resumen, lo que hace Galindo no sirve para un carajo. Lo que hay que hacer, curiosamente, es justo lo contrario si uno quiere efectivididad: someter la hierba con agua a baja temperatura o con una base de éter también a baja temperatura (Louis H. Miller &  Xinzhuan Su, 2011).

Tu Youyu [descubridora de la artemisina en la Artemisia Annua y premios Lasker y Nobel por ello] describe su trabajo con cierto detalle en un ensayo en la edición de octubre de Nature Medicine. Sospechaba que la extracción a alta temperatura destruía el ingrediente activo del qinghao [nombre para la Artemisia Annua]. Volvió al libro de medicina tradicional y, después de leer acerca de un preparado que requería remojar el qinghao con agua fría, propuso usar un solvente de bajo punto de ebullición para extraer el químico activo. Este conocimiento se considera un paso decisivo hacia el descubrimiento de la artemisinina por parte de sus seguidores. Los detractores de Tu, sin embargo, señalan que el uso de éter y otros solventes de bajo punto de ebullición para extraer los ingredientes activos de las plantas es una fitoquímica estándar.

Li Ying, un químico retirado del Instituto de Materia Médica de la Academia China de Ciencias en Shanghai, que trabajó en la síntesis de derivados de la artemisinina, escribió en un artículo en 2008 que el método de extracción y purificación de Tu producía cristales que contenían artemisinina mezclada con otros químicos. dando lugar a toxicidad en ensayos clínicos. Aproximadamente esta vez, Wei Zhenxing del Instituto de Farmacología de Shandong y Luo Zeyuan del Instituto de Farmacología de Yunnan, después de enterarse del avance de Tu, cada uno de los productos químicos antipalúdicos derivados de hierbas locales llamado huang hua hao o ajenjo de flor amarilla (Artemisia annua) . Varias especies se usaban tradicionalmente como qinghao medicinal, pero solo A. annuafinalmente demostró contener una cantidad suficiente de artemisinina. El grupo de Yunnan también encontró la fuente mejor cultivada de A. annua en otra provincia. Usando esta fuente, pudieron producir artemisinina pura en grandes cantidades, acelerando la investigación y el desarrollo de fármacos. El grupo de Tu también adoptó el método de Yunnan.

Mientras tanto, los investigadores que trabajaron en Shanghai desde 1973 a 1975 descubrieron que la artemisinina tiene una estructura nueva e inusual, el llamado puente de peróxido. La artemisinina es el único compuesto natural conocido que tiene esta estructura. Es clave para su propiedad antipalúdica y hace que los medicamentos a base de artemisinina sean completamente diferentes de los derivados de la quinina, como la cloroquina, a la que los parásitos de la malaria se han vuelto resistentes. El grupo de Li Ying en Shanghái sintetizó derivados de la artemisinina que eran más potentes para matar parásitos de la malaria y tenían propiedades químicas más deseables (como la solubilidad en agua), lo que los hacía mejores candidatos a fármacos que la artemisinina natural. Ellos son la base de la terapia utilizada en la actualidad.

Fuente: Lasker Award Rekindles Debate Over Artemisinin’s Discovery Science Magacine, 2011.

La historia de cómo se descubrió que la Artemisa Annua contiene un compuesto que puede curar la malaria, pese a las idioteces de Pamies y compañía y su desprecio hacia la investigación científica, viene de lejos:

La búsqueda que condujo a la artemisinina comenzó en la década de 1960 cuando el gobierno norvietnamita pidió ayuda a China para encontrar una cura para la malaria resistente a los medicamentos, que estaba diezmando a las tropas en las selvas de Indochina. Bajo las instrucciones de Mao Zedong, China lanzó un esfuerzo secreto en el apogeo de la Revolución Cultural en 1967. El proyecto denominado Código 523 movilizó a más de 500 investigadores de unas 60 organizaciones en varias agencias militares y civiles.

Vamos, que lo que charlatanes como Galindo y Pamies afirman sobre la Artemisia, cuando además estos niegan a la ciencia (cuando conviene), ya era conocido y fue confirmado por esta antes de que ellos comenzaran con sus prédicas; por no mencionar que la forma en la cual ellos preparan su terapia a base de Artemisa ni si quiera es la correcta y más eficaz de obtener y suministrar el compuesto activo de la planta: aquel que cura la malaria.

Despreciable estrategia

Claro, aquí habría que comentar la táctica estrella que emplea todo pseudoterapeuta llegados a este punto: si algo no te viene bien para tus creencias, niégalo y demoniza a quien lo haga. Así pues, estos charlatanes se dedican a denigrar los medicamentos que llevan la artemisina (como el COARTEM) y luego a las empresas que los comercializan (como  Novartis).

Si algo le debemos a la Ciencia son los conocimientos sobre química que estos dos tipos parecen desconocer por completo. Así, podemos saber de qué está compuesta cada cosa en este Universo, aislar sus compuestos y elementos y luego ver qué efectos tienen sobre, por ejemplo y en este caso, la salud (eso que se hace en los estudios y ensayos clínicos que todo medicamento debe superar). Así es como se averiguó que lo único que es efectivo de la Artemisa Annua era la artemisina. Por eso las “malvadas farmacéuticas” sólo usan este compuesto ¿Nos pueden decir estos lumbreras, entonces, para qué demonios queremos el resto de compuestos de la planta si lo único que se quiere tratar es la malaria?

Según el  WHO monograph on good agricultural and collection practices (‎GACP)‎ for Artemisia annua L de la hoja de la Artemisa sólo se extrae de entre un 0 y un 1,5% de artemisina. Medicamentos como el COARTEM, que obtienen artemisina mediante un método mejor que la infusiones pamiescas (que prácticamente se cargan la artemisina de la planta, además de diluirla con lejía),  contienen actualmente una proporción de 80mg /480mg (la anterior era de 20 mg / 120 mg), lo cual ha reducido la cantidad de dosis: 6 tabletas para un tratamiento completo de 3 días en lugar de 24 ¿Qué quiere decir todo esto? Que lo que están ofreciendo Pamies y Galindo, un tratamiento de semanas, no sirve para absolutamente nada, pues contiene muchísima menos artemisina de lo que contiene el tratamiento médico y encima se desperdicia tiempo útil.

Por otra parte, Pamies & Co. mienten, o por lo menos omiten información, cuando hablan de esto:

De la OMS afirman que esta “Impide que este conocimiento popular se conozca”.

Y del COARTEM dicen que este se distribuye a  “un precio prohibitivo para cualquier africano  de 50-60 Euros”.

Ya hemos visto que la OMS lleva desde el 2007 recomendando la Artemisa Annua para combatir el paludismo y diciendo incluso cómo prepararla ¡Todo un impedimento al conocimiento! ¿cierto?

Sobre el COARTEM, este sólo le sirve como argumento para decirle a la gente un “mira que bueno soy, que doy semillas gratis (aunque inútiles y poco efectivas) mientras mira qué mala es la farmacéutica”.

Para alguien, que viva ajeno a la realidad y en la ingenuidad, esto puede valer de algo para así afianzar su Fe en Pamies y su “Dulce Revolución”. Pero para el resto, los que vivimos en la realidad, esto sólo nos resulta una soflama sin más, de tantas, de un tipo con ínfulas de médico y «salvador» que se dedica a aconsejar marihuana a recién nacidos con epilepsia (e incluso para curar el cáncer o el SIDA) o que vende crecepelos que, por lo visto, no han funcionado con él, ni con nadie de su familia (¿motivo del por qué suele llevar sombrero?).

  • Toda empresa farmacéutica debe invertir en investigación si quiere comercializar un producto ¿Cual es la inversión en investigación que ha realizado Pamies? Alguien podría alegar que este no gana tanto dinero. Decirles que del millón de euros que obtuvo, por ejemplo, por sus charlas, la venta de plantitas y sus libros no destinó ni un sólo céntimo a esta. Y es que no le hace falta: a él no le preocupan los hechos sino convencer a la gente de que él tiene «la Verdad»; lo suficiente para que esta le compre su «salvación». Comprar unas semillas y decir que estas curan cualquier cosa
  • Todo medicamento debe haber demostrado eficacia mediante ensayos clínicos y estudios publicados y revisados (así es como funciona la Ciencia) ¿Algún estudio que avale las afirmaciones de Pamies? Si miramos su blog o vemos sus charlas lo único que veremos es que este nos recomienda “informes” que redirigen de nuevo a su blog o enlaces y menciones hacia algún “estudio”, pero sólo aquel que avala lo que él afirma; o por o menos que diga algo parecido a lo que él afirma para luego así poder usarlo, dando igual si este decía o no lo que él alega, o si lo tergiversa y descontextualiza. Lo que se conoce, aquí y en África, como sesgo de confirmación.
  • Las empresas farmacéuticas, a diferencia de los charlatanes y pseudoterapeutas, jamás sostienen las “Verdades” absolutas que este tipo de gente ofrece: un medicamento es efectivo o no, pero en un tanto por ciento que debe demostrarse en los anteriormente citados estudios y ensayos clínicos. Y aun así, jamás le dirán que estos no tienen efectos secundarios (algo que sólo sucede con las pseudoterapias proclamadas por charlatanes como Pamies). Lo que se mide en un medicamento siempre es la proporción riesgo/beneficio. Sólo un ingenuo puede creerse que algo, un compuesto químico, puede mágicamente curar por algún extraño efecto que no afecte a otras funciones corporales.
  • Toda empresa farmacéutica, además, tiene sólo un periodo de explotación del medicamento limitado. Imagínese que usted tiene una empresa que invierte su dinero en investigar cómo curar una enfermedad. Tras años invirtiendo millones consigue uno que cura dicha enfermedad. Pues aun así, el periodo máximo de explotación del medicamento que usted ha producido es de sólo de 20 años. Después de eso la patente se liberaliza y cualquiera puede producir dicho medicamento: de ahí que existan los medicamentos que llamamos “genéricos”.

Aun así, y hablando también de la OMS, que esta preaceptara el Coartem se carga por completo el argumento de Galindo y compañía:

En 2001, la OMS suscribió con Novartis Pharma AG un acuerdo por el cual dicha empresa se comprometía a proporcionar a la OMS un producto compuesto por artemetero-lumefantrina (Coartem®) a precio de costo para suministrarlo al sector público de los países en desarrollo con malaria endémica.

De hecho en 2007 la propia farmaceutica anunciaba que el tratamiento de Coartem se había reducido un 20%:

los recientes incrementos en la producción de ‘Coartem’ han permitido que el precio para el sector público se pueda ahora reducir respecto al precio de 2007, llegando a los 0,37 dólares (0.24 euros) por dosis infantil. Dicha reducción es efectiva para todas las presentaciones de ‘Coartem’ incluidas las dedicadas a niños y adolescentes, que representan alrededor del 75 por ciento de los pacientes.

Y por si no fuera suficiente Galindo no contaba (ni a la periodista le importó informarse y contarlo), además, que estos tratamientos se suministraron gratuitamente un año antes de su entrevista: en 2015 se suministraron, sin ánimo de lucro, más de 700 millones de tratamientos, que incluyen 250 millones de unidades de Coartem Dispersible, en países donde la malaria era endémica.

La demonización es un recurso de todo magufo y conspiranóico, como Pamies & co.. Esta gente necesita fabricarse un enemigo con generalizaciones falaces para así poderse autoplocamarse como el salvador y único legítimo enviado que lanza mensajes simplones y pueriles, con afirmaciones gratuitas y absurdas como que “Las farmacéuticas no pueden curar, porque si lo hacen pierden clientes, por eso les conviene más cronificar la enfermedad. La salud es una ruina…”. El problema, cuando uno hace esta serie de afirmaciones, es que son susceptibles a ser analizadas y por tanto cuestionadas.

Lo irónico es que este tipo de criticas venga de gente que acusa a otros de aquello que sólo ellos hacen. El medicamento de Novartis ha probado su eficacia y cura cada día a miles de personas, demostrando además que lo ha hecho; de Pamies y su séquito sólo tenemos como prueba sus testimonios, que hay que creer porque… ¿Porque si? Bueno no, porque sí solamente no: hay que creerles porque le dicen al público cosas bonitas; aquello que estos quieren oír; una serie de frases aparentemente profundas aunque carentes de sentido, de libre interpretación.

Un mundo imperfecto: el caldo de cultivo de los charlatanes

Como con lo anterior y con todo en el mundo real, la legislación no es perfecta y el sistema económico en el que vivimos puede hacer que empresas se hagan con las patentes de investigaciones públicas (obtenidas mediante fondos estatales) para luego comercializarlas incluso a un precio mayor. Esto no gusta, ni es ético, pero no es culpa en sí del sistema farmacéutico (ni hace que un medicamento sea o no efectivo) sino del político y económico en el que vivimos; pero incluso eso, por muy detestable que parezca, es infinitamente mucho menos despreciable que el que una serie de caraduras (o necios con aparentemente buenas intenciones) esté aprovechándose de la ignorancia, la ingenuidad y la desesperación ajenas para lucrarse de ellas como si fueran los mesías que, en algunos casos, ellos mismos dicen ser: el modelo a seguir de Pamies (uno al cual también le encantaba llevar sombrero) y que dijo ser el “descubridor” del MMS, Jim Humble, por ejemplo, se comparaba con el Jesús del cristianismo.

Humble, con su sombero, riendose de la gente

Al menos algo sí que comparten todos los charlatanes que además pretenden adoctrinar a la gente y beneficiarse de los privilegios fiscales: fundar una religión. Humble lo hizo para así poder comerciar su producto (y según él mismo obtener beneficios fiscales) y convertir a la gente que quisiera curarse en creyentes más que en pacientes.

Por si todo lo anterior no fuera suficiente, el seguidor español de esta secta,  Pamies, incluso usaba como argumento a favor suyo el que hubiera escasez de artemisina para fabricar el producto. Sólo a alguien carente de moral podría jactarse de la escasez de medicamentos para así poder vender su pseudoterapia; o lo que resulta más irónico, de la escasez de producción de la misma planta que él mismo pretende usar como medicamento. Lo que no cuentan, o por lo menos ocultan (como con todo lo demás), es que esto ya pasó y se debió a un aumento de la demanda del medicamento entre 2001 y 2005; tampoco que, aún así, había más medicamentos, aunque menos eficaces para tratarla.

El extra: recientemente se ha iniciado una campaña, no carente de ironía y sarcasmo, pidiendo que este mesías kapelario español, que tanto predica las bondades de sus infusiones y la lejía de su profeta también kapelario, viaje él mismo a África, concretamente al Congo, para combatir la malaria (y ya de paso el ébola, el cáncer y el SIDA que también dice poder curar) para así erradicarla, como él mismo afirma ¿Tendrá la valentía de hacerlo? ¿O seguirá simplemente predicando por la península para así ganar dinero con sus productos mientras se hace la víctima del sistema? Por mi parte podría irse y ya de paso que le siga todo su séquito de apóstoles.

Más info:

En el libro «Artemisia annua, Artemisinin, ACTs & Malaria Control in Africa Tradition, Science and Public Policy» de Dana G. Dalrymple (publicado en la fundación The Medicines for Malaria Venture) recoge toda clase de información sobre las terapias basadas en la planta en cuestión. En él se puede comprobar que muchas de las afirmaciones de este pirata del sombrero de paja (y de similar ideología y creencias) son simplemente falsas.

A estos lumbreras además se les olvida informar a sus feligreses que la inversión que se realiza contra la malaria (y que realizan a quienes estos critican) no sólo consiste en dar terapias (efectivas) a los ya contagiados sino para la prevención: como, por ejemplo, lo es la compra de mosquiteras para instalarlas en viviendas y todo tipo de inmueble públicos (puesto que esta se contagia por el mosquito anopheles) o el uso del, demonizado también por magufos, DDT que erradicó en su día dicha enfermedad acabando con dichos mosquitos en Europa y EE.UU.

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